Debemos cuidar de no repetir temperamentos ni formas de expresión corporales o verbales en los personajes. Cada uno tendrá sus características propias que el escritor debe cuidar, respetar y preservar a lo largo de todo el texto.
En ocasiones, nuestra intuición y el conocer a diversas personas en las que nos apoyamos para crear los personajes son suficientes para imaginar cómo reaccionarán en la trama. Se vale apoyarnos en alguna página de internet o texto donde se describan los diversos temperamentos. Algunos psicólogos se basan en el sanguíneo, flemático, melancólico y colérico. Otros trabajan con las combinaciones colérico, apasionado, sanguíneo, flemático, nervioso, sentimental, amorfo y apático. No se trata de realizar estudios profundos, simplemente el escritor trabaja con "personas" (sus personajes) y debe conocer lo mínimo de ellas.
Partiendo de lo anterior, no es verosimil que, al describir a Juan como una persona de temperamento colérico, al descomponerse su auto en medio de la autopista que cruza el desierto diga a su acompañante:
─No traemos llanta de refacción ni existe forma de comunicarnos al siguiente poblado. No te preocupes. Las cosas suceden por algo. Respira profundamente y trata de tranquilizarte como yo. Disfrutemos del paisaje. En cualquier momento alguien puede pasar y brindarnos su ayuda.
Ejercicio: Crea un fragmento de novela donde participen dos personajes masculinos o femeninos. Trata de dar a cada uno las voces acordes a sus temperamentos.
Ejercicio: Analiza los personajes principales de la última novela que leíste. Trata de identificar cómo es cada uno. ¿Son verosimiles sus acciones con su lenguaje?
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